40 aniversario del fin de la II República Española: Nace la lucha por la III.

Comunicado de Alternativa Republicana con motivo del 40º aniversario de la disolución del Gobierno de la II República.

Foto de Eco Republicano.

La historia reciente de nuestro país ha sido, mal intencionadamente, tergiversada en beneficio de unos intereses torticeros; así se nos contó que la II República Española desapareció con la victoria de los rebeldes golpistas en 1939.

Nada más lejos de la realidad. Un grandísimo número de hombres y mujeres siguieron manteniendo vivas las instituciones republicanas a lo largo de los años. Tanto es así que Las Cortes exiliadas se reunieron de nuevo el 20 de agosto de 1945 en la Sala de Cabildos del Zócalo de la Ciudad de México. En dicha reunión se procedió a la promesa de Diego Martínez Barrio como Presidente de la República española en el exilio.

A Martínez Barrio le sucedió en el cargo Luis Jiménez de Asúa y a la muerte de éste el que fuera el último presidente de la II República,  José Maldonado.

Hombres que mantuvieron la dignidad de las instituciones republicanas por encima de olvidos y desprecios, no sólo de la dictadura sino de aquellos que habían formado parte de la misma institución.

Fue a José Maldonado como presidente de la República y a Fernando Valera presidente del Consejo de Ministros a los que les correspondió tal día como hoy de hace 40  años(21 de junio 1977) firmar la declaración de disolución de las instituciones republicanas en el exilio, con esa declaración la II República española puso fin a su historia:

“Las Instituciones de la República en el exilio ponen así término a la misión histórica que se habían impuesto. Y quienes las han mantenido hasta hoy, se sienten satisfechos porque tienen la convicción de haber cumplido con su deber”

La misión, nada desdeñable, del gobierno republicano en el exilio no fue otra que devolver la legitimidad al pueblo español. Pero por encima de todo mantener viva la luz de la esperanza que nos fue arrebatada por las armas e impuso en nuestro país un régimen de terror, oscuridad y represión.

Las instituciones del momento vieron este acto de generosidad como un triunfo de la llamada “transición modélica”. No querían a los republicanos ni a nada que sonara a República en las futuras instituciones ni, por supuesto, en las Cortes constituyentes, de ahí que, con la complicidad del PSOE, PCE y otros partidos, no se legalizasen a los partidos republicanos hasta pasadas las elecciones del 15 de Junio.

Los republicanos no tuvimos un sábado santo tricolor, como otros lo tuvieron rojo. Nuestros dirigentes fueron arrestados por asociación ilícita la semana siguiente a la legalización del Partido Comunista, que entonces no tuvo problema en aparecer en las fotos con la indigna bandera de la España fascista reconociendo la legitimidad del heredero del dictador.

El 21 de junio de 1977 murió la II República y comenzó, en ese mismo instante, la lucha por la III.

Los radical republicanos que trabajamos en Alternativa Republicana, continuadores de quienes nunca se rindieron a los cantos de sirena de la monarquía franquista, seguiremos en la lucha para traer a nuestro país una República Federal como modelo de convivencia, la consecución de un modelo de desarrollo económico justo, equilibrado y sostenible en defensa de los intereses de la ciudadanía, mediante un uso racional de los recursos naturales y la defensa de los derechos humanos en su acción política, y la construcción de una sociedad libre e igualitaria basada en los valores republicanos de Libertad, Igualdad y Fraternidad, así como una democracia radical de mayor calidad basada en la implicación, control y participación de la ciudadanía en la vida pública.

Seguiremos llevando la voz de la República a la calle, a las instituciones, allí donde estemos porque a pesar de la indiferencia de algunos, la estrategia de otros, nosotros creemos firmemente que la República si toca, y toca ahora mas que nunca para poder sanear de una vez por todas unas instituciones afectadas por la mácula de la corrupción.

… a la hora ya próxima, para unos de la libertad, para otros del regreso, todos los que no desertaron de la lucha podrán presentarse ante el pueblo con la cabeza erguida del honor conservado y con la conciencia satisfecha del deber cumplido.”

Fernando Valera Aparicio.

No se puede ser libre más que entre libres.

¡Viva la República!


Declaración de la Presidencia del Gobierno de la República Española en el exilio.

Las Cortes de la República Española restablecieron su funcionamiento en el exilio con el asentimiento de los grupos políticos que las componían, cuyos miembros habían logrado salir del territorio nacional huyendo de la cruenta repre­sión de la dictadura. Tal decisión se adoptó al amparo de preceptos constitucionales votados y ratificados por los españoles en sucesivas y ejemplares consultas electorales en 1931, 1933 y 1936.
Consecuentes con ese propósito, las Instituciones de la República Española en el exilio realizaron, por todos los medios a su alcance y con diversa fortuna, una acción ininterrumpida que no habría de cesar mientras a los españoles no se nos brindara la ocasión de hacer surgir una nueva lega­lidad democrática.
Ese es el legítimo origen de los Gobiernos de la Repú­blica que se han venido sucediendo desde entonces, con el esencial designio de devolverle al pueblo el libre ejercicio de los derechos cívicos, propiciando así el establecimiento de nuestro país de un régimen auténtico de convivencia.
Hoy se proclama el resultado oficial de las elecciones generales que se han celebrado el día 15 de este mes en nuestro país. Numerosas son las taras de esa consulta electoral, que no ha de pasar a la historia como arquetipo de pureza, tanto por /o que se refiere al contenido de la ley que la ha regulado como por el modo con el que se llevó a cabo la consulta.
Por lo que toca a la ley, elaborada por los mismos neodemócratas que presidieron los comicios, baste señalar la injusticia que denota la enorme desproporción que existe entre el número de los votos obtenidos por las formaciones que son en rigor democráticas, las de izquierdas, y el número de escaños que, con arreglo a esa ley, se les atribuyen.
Por lo que concierne a las modalidades de la contienda, no podemos dejar de denunciar, en primer término, la incalificable discriminación de la que fueron víctimas algunos partidos, al verse impedidos de participar en ella. Figura en­tre estos precisamente el que es republicano de manera específica, partido de indiscutible ejecutoria democrática y he­redero espiritual y continuador de la obra de aquellos hombres insignes -venerables y venerados- que rigieron los destinos de España durante las dos primeras Repúblicas. Habrá que añadir a este respecto las múltiples coacciones de que han sido víctimas por parte del poder y de sus organismos subalternos las fuerzas de la democracia.
Todas esas argucias, sin embargo, no han podido impedir el triunfo de las organizaciones progresistas, tanto en el área nacional como en las de las nacionalidades vasca y catalana dentro de sus respectivos territorios, triunfo de las fuerzas más afines, que nosotros celebramos como propio.
Finalmente, la numerosa participación electoral, claro exponente del elevado civismo de nuestros compatriotas -que es además un categórico mentís para quienes les tuvieron sojuzgados, alegando la inexistencia de ese sentimiento- y unido a aquella al general consenso con el que se acepta en el país el resultado de la confrontación, nos mueven, a pesar de sus anomalías, a aceptar ese resultado.
Las instituciones de la República en el exilio ponen así término a la misión histórica que se habían impuesto. Y quienes las han mantenido hasta hoy, se sienten satisfechos porque tienen la convicción de haber cumplido con su deber.

Ahora parece claro que va a iniciarse una nueva etapa histórica. En ella no hemos de estar ausentes individualmente, dispuestos a seguir defendiendo nuestros ideales, persuadidos además de que el pleno desarrollo político y económico de nuestro país y con ellos la paz y la convivencia entre los españoles sólo serán realizables con la República.
París, 21 de junio de 1977
José MALDONADO – Fernando VALERA


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