80 Años no son nada. Ante el 11 de Septiembre en Cataluña.

Angel Verdura de Pedro. Secretario General de Izquierda Republicana. ALTER Madrid.
Ángel Verdura de Pedro. Secretario General de Izquierda Republicana.
ALTER Madrid.

(…)en el caso de Cataluña, la Generalidad- es una parte del Estado español, no es un organismo rival, ni defensivo ni agresivo, sino una parte integrante de la organización del Estado de la República española. Y mientras esto no se comprenda así, señores diputados, no entenderá nadie lo que es la autonomía. (…)

 (…) No puede admitirse por parte de los teorizantes autonomistas el concepto de que Castilla (metiendo en esta expresión no sólo los confines geográficos de una región, sino todo lo que no es región autónoma o autonomizante); no puede admitirse, repito, el concepto de que esta parte de España ha confiscado las libertades de nadie: Quien ha confiscado y humillado y transgredido los derechos o las franquicias o las libertades de más o menos valor de cada región, ha sido la monarquía, la antigua corona, en provecho propio, no en provecho de Castilla, que la primera confiscada y esclavizada fue precisamente la región castellana. (…)

(…) Es una cosa indiscutible, señores diputados, que hay que dotar de una hacienda propia a las regiones autónomas. Éste es un principio infrangible; hay que dotarlas de una hacienda propia. La hacienda de las regiones autónomas, además de ser propia, ha de tener elasticidad. 

(…) Hay que insistir, cuando se trata de esta cuestión, en lo que yo antes decía: Cataluña no es el extranjero; hay que tener presente que el temor, el pánico, casi, ante una posible desaparición de la lengua castellana en las regiones autónomas no tiene fundamento alguno; y no lo tiene, en primer lugar, porque la competencia lingüística en el territorio español no puede estar sometida en su victoria o en su derrota al régimen político; eso sería un desatino, porque desde el momento que nosotros mantuviéramos un régimen político para la defensa de la lengua castellana, menguada sería la fortuna de la lengua que necesitase de esta protección; y, además, empalmando o incrustando en un régimen político una defensa, una protección, como quien protege una mercancía, de la lengua castellana, inevitablemente se produce la reacción contraria, porque viene el apego, no ya natural, sino político y apasionado, a otra lengua que se siente menospreciada o vejada o poco protegida por el régimen político de que acabo de hacer mención. Y haré, además, otra consideración: que no puedo suponer que los catalanes o los vascos, o quien fuera autónomo en España, puedan dejar de hablar en castellano; y si dejaran, allá ellos; la mayor desgracia que le pudiera ocurrir a un ciudadano español sería a tenerse a su vascuence o a su catalán, y prescindir del castellano para las relaciones con los demás españoles, con los cuales vamos a seguir tratándonos, y para las relaciones culturales, mercantiles, etc., con toda América. ¿A dónde va a ir un fabricante catalán, un exportador catalán sin el castellano? (…) En otros países donde se ha dado el bilingüismo, la doble universidad ha fracasado, y no hay que ir muy lejos para comprobarlo. No podemos admitir la doble universidad, ni crear dos hogares rivales que mantendrían lo que haya de rivalidad o de hostilidad entre la cultura en castellano y la cultura en catalán; sería conservar esa competencia, esa rivalidad, y eso debe desaparecer. 

(Fragmentos del discurso pronunciado por Manuel Azaña en las Cortes, el 6 de Mayo de 1.932, en defensa del Estatuto de Cataluña.)

Parecería, tras la lectura de los fragmentos anteriores, que el tiempo no ha servido ni para aprender del pasado, ni para solucionar el grave problema de la organización territorial de España con un modelo satisfactorio que ponga fin a una discordia de siglos, consecuencia del centralismo traído por los Borbones, y que constituye una muy seria amenaza a la integración y entendimiento entre todos los españoles.

En el caso de Cataluña, todo empezó con la victoria durante la Guerra de Sucesión del bando borbónico y la abolición de las instituciones políticas catalanas, la Generalitat, el Consell de Cent, etc, y la imposición de la lengua castellana en la administración de justicia. La  fecha del 11 de Septiembre de 1.714, entrada en Barcelona de las tropas borbónicas y derrota de las tropas que defendía la ciudad, entre las que, además de catalanes y aragoneses, también se encontraban alemanes, navarros y castellanos, es conmemorada en Cataluña hoy en día, y desde principios del siglo XX, como Diada Nacional de Catalunya, el día de exaltación de la patria catalana y de sus libertades. No obstante, ni las cosas fueron entonces como muchos pretenden hoy para justificar sus posiciones políticas, ni todos los catalanes apoyaron al Archiduque, a los partidarios del Borbón les llamaban, despectivamente, “botiflers”,  ni aquella guerra acabó en tal fecha, ya que Mallorca, que también luchaba en el bando austriacista, no capituló hasta 1.715, ni se trató jamás de una guerra entre España y Cataluña.

La guerra que se libraba entonces en el territorio español no era como consecuencia del enfrentamiento entre territorios, sino entre dos dinastías, los Habsburgo y los Borbones, representadas por el Archiduque Carlos de Habsburgo y Felipe de Anjou, respectivamente, por acceder al trono español, tras la muerte sin sucesor directo del último Habsburgo español, Carlos II. Ambos pretendientes, y por diversas razones, encontraron apoyos en diferentes territorios, y aquellos pertenecientes a la Corona de Aragón, entre los que se encontraban Cataluña, Valencia y Baleares, dieron su apoyo al candidato que les ofrecía mas garantía de conservar sus leyes y fueros, el Archiduque Carlos de Habsburgo, vista la política centralista borbónica practicada en Francia.

Aquel 11 de Septiembre de 1.714 las tropas que defendían Barcelona tenían como general en jefe a Antonio de Villarroel que, aunque nacido por casualidad en Barcelona, no era catalán, sino de lengua y cultura castellana, hijo de gallego y asturiana, y que hasta 1.710, es decir, hasta cuatro años antes de la caída de Barcelona, había sido un destacado militar del bando borbónico al mando del Duque de Orleans. Tras la caída en desgracia de este último se había pasado al bando austriacista.

crisol

Al frente del gobierno catalán se encontraba, como Conseller en Cap, Rafael de Casanova,  abogado y jurista nacido en el valle de Moià y que pertenecía a una acomodada familia catalana con antecedentes en el gobierno de Cataluña.

Que no hubo jamás lucha alguna por la independencia de Cataluña, ni animadversión hacia España, queda bien patente en los documentos de la época, y valga aquí como botón de muestra la portada de un libro publicado en castellano en Barcelona, antes de la caída de la ciudad en manos borbónicas, y la traducción castellana del bando emitido por las autoridades catalanas horas antes de su derrota, y que fue distribuido por las calles de la ciudad sitiada para animar a sus defensores.

Bando distruibido por las autoridades catalanas ( traducción castellana):

«Ahora oíd, se hace saber a todos generalmente, de parte de los Tres Excelentísimos Comunes, tomado el parecer de los Señores de la Junta de Gobierno, personas asociadas, nobles, ciudadanos y oficiales de guerra, que separadamente están impidiendo que los enemigos se internen en la ciudad; atendiendo que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo, de someterse a una entera esclavitud. Notifican, amonestan y exhortan, representando a Padres de la Patria que se afligen de la desgracia irreparable que amenaza el favor e injusto encono de las armas franco-españolas, hecha seria reflexión del estado en que los enemigos del Rey N.S., de nuestra libertad y Patria, están apostados ocupando todas las brechas, cortaduras, baluartes del Portal Nou, Sta. Clara, Llevant y Sta. Eulalia. Se hace saber, que si luego, inmediatamente de oído el presente pregón, todos los naturales, habitantes y demás gentes hábiles para las armas no se presentan en las plazas de Junqueras, Born y Plaza de Palacio, a fin de que unidamente con todos los Señores que representan los Comunes, se puedan rechazar los enemigos, haciendo el último esfuerzo, esperando que Dios misericordioso, mejorará la suerte. Se hace también saber, que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de sus cargos, explican, declaran y protestan a los presentes, y dan testimonio a los venideros, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, protestando de todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida Patria, y exterminio todos los honores y privilegios, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francés; pero se confía, que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la Libertad, acudirán a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España, y finalmente dicen y hacen saber, que si después de una hora de publicado el pregón, no comparece gente suficiente para ejecutar la ideada empresa, es forzoso, preciso y necesario hacer llamada y pedir capitulación a los enemigos, antes de llegar la noche, para no exponer a la más lamentable ruina de la Ciudad, para no exponerla a un saqueo general, profanación de los Santos Templos, y sacrificio de niños, mujeres y personas religiosas.

Y para que a todos sea generalmente notorio, que con voz alta, clara e inteligible sea publicado por todas las calles de la presente ciudad.
Dado en la casa de la Excelentísima Ciudad, residiendo en el Portal de S. Antonio, presentes los mencionados Excelentísimos Señores y personas asociadas, a 11 de Septiembre, a las 3 de la tarde, de 1714».

La diferente suerte corrida por Antonio de Villarroel y Rafael de Casanova, tras ser heridos y derrotados, es también significativa, y la memoria que se ha conservado de ambos es injusta para con el primero de ellos.

Antonio de Villarroel fue encarcelado, primero en Alicante y luego en La Coruña, donde murió. Nunca recuperó su libertad,  y soporto muchos años de prisión en condiciones atroces que le llevaron a la muerte en 1.726. Por contra, a Rafael de Casanova le embargaron sus bienes, pero no fue encarcelado. En  1.719 obtuvo el perdón real de Felipe V, sus bienes le fueron devueltos, y pudo seguir ejerciendo durante muchos años mas su profesión de abogado.

Hoy en día, una calle de Barcelona se llama Villarroel, pero casi nadie sabe quien está detrás de ese nombre.

El monumento a Rafael de Casanova, símbolo de las libertades catalanas y lugar de concentración cada 11 de Septiembre, fue erigido por el Ayuntamiento de Barcelona a finales del siglo XIX. El fascismo vencedor en 1.939 ordenó su retirada y destrucción, aunque finalmente el monumento se conservó en un depósito, y pudo ser devuelto a su emplazamiento original, tras la muerte del dictador,  en 1.977. Villarroel sigue a la espera del suyo.

Sirvan las líneas precedentes para poder entender las tensiones que durante tantos años han ido poniéndose de manifiesto a la hora de abordar “el problema catalán”, por parte de los gobiernos centrales. El pueblo catalán ha mantenido una fuerte identidad nacional a lo largo de todos estos largos años y nunca dejó de reclamar su autogobierno, produciendo un movimiento nacionalista de gran raigambre popular, como reacción al nacionalismo españolista centralizador de los sucesivos gobiernos de la Monarquía borbónica; fue ésta, y no el pueblo español, quien negó a Cataluña sus libertades. Es a raíz de la proclamación de la II República, del advenimiento de un régimen verdaderamente democrático, cuando Cataluña recobra sus instituciones políticas, son las Cortes españolas las que aprueban su Estatuto de Autonomía en 1.932, no sin importantes tensiones políticas, reflejadas en las palabras de Manuel Azaña, y otros líderes, en el Congreso de los Diputados.

El ahogamiento en sangre de la democracia republicana por parte de fascistas y monárquicos de todo pelo, y la consiguiente abolición de las libertades catalanas, incluyendo, una vez mas, la prohibición de utilizar su propia lengua e imponiendo el uso del castellano como “lengua del imperio”, no impidió que el sentimiento nacional identitario catalán se mantuviese intacto durante la criminal Dictadura de Franco.

Hoy, el sentimiento nacionalista catalán ha desembocado no ya tan solo en un deseo de autonomía, sino, parcialmente, en independentismo que ha abrazado el propio gobierno catalán, y que ha conseguido el apoyo de una parte significativa del pueblo catalán, receloso ante los conflictos surgidos con los gobiernos centrales, y alimentado de forma bastarda por algunos partidos políticos catalanes, a fin de  poder enmascarar su mala gestión. Hoy, volvemos a oír las mismas insensateces que en 1.932. La misma mitificación y falsificación de la Historia, las mismas llamadas al extremismo y a la incomprensión, las mismas intenciones de enfrentar a Cataluña contra el resto de España. Hoy, al igual que ayer, el choque de trenes es entre dos nacionalismos que se necesitan mutuamente para poder existir.

Como republicanos, y por tanto como verdaderos demócratas, no podemos permanecer impasibles ante esta situación que podría producir daños irreversibles, no podemos oponernos a que el pueblo catalán exprese su voluntad, que es legítima, pero debemos alzar con  energía nuestra propuesta de una España organizada como República Federal y que sirva para crear lo que la Monarquía no ha sido capaz en casi tres siglos: formar sólidos lazos de fraternidad y solidaridad entre los diferentes pueblos que habitan nuestra Península Ibérica, incluyendo a Portugal,  para avanzar de forma conjunta,  porque de la independencia de Cataluña se deduciría un doble fracaso:  el fracaso de España como estado moderno e integrador, y el fracaso de Cataluña, como elemento unificador e impulsor de una España que la necesita y a la que también necesita.

Alternativa Republicana no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.