Azaña y los olvidados de los olvidados

Rafael Luna. Secretario General de Alternativa Republicana.

En la madrugada del 3 al 4 de noviembre, en Montauban, perseguido por el embajador de Franco en París, José Félix de Lequerica, los nazis que ya habían ocupado Francia, las “autoridades” del gobierno colaboracionista de Vichy y de grupos de falangistas y policías españoles, falleció D. Manuel Azaña, último presidente de la II República.
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Al día siguiente, el Gobierno del mariscal Pétain prohibió que su ataúd recorriese las calles de Montauban envuelto en la bandera republicana y que se le rindiesen honores públicos. Es más, pretendieron cubrirlo con la bandera franquista. Así que su féretro fue cubierto por una bandera de México -el país que nos arropó en las horas amargas del exilio- para impedir que lo hiciese con el emblema franquista.
A tal fin, D. Luís Ignacio Rodríguez, embajador de México increpó al prefecto francés con estas palabras: “pierda cuidado, señor prefecto, no insisto más sobre el caso. Lo cubrirá con orgullo la bandera de México; para nosotros será un privilegio; para los republicanos, una esperanza, y para ustedes una dolorosa lección..”
Entierro de D. Manuel Azaña.

Esta historia, triste historia, se repitió decenas de miles de veces, sin embajadores ni banderas para cubrir féretros, si es que quizás los hubieses. Hombre y mujeres, anónimos en la inmensa mayoría de los casos, intelectuales, científicos, artistas, escritores…, radical-republicanos.

D. Manuel representa a todos ellos, a los olvidados de los olvidados, porque ellos existieron y existen en nuestra memoria. Me refiero a los muertos republicanos a secas, militantes de Izquierda Republicana o de Unión Republicana, alcaldes, concejales, diputados o ministros, a jornaleros (que los hubo), comerciantes, trabajadores de toda índole: radical-republicanos.
Podemos poner una larga lista de nombres de radicales fusilados, presos o exiliados por la dictadura franquista. Nuestra memoria está viva y en ella tendremos siempre presente a los miles de compañeros y compañeras que la engrosan.
Con esto queremos decir que tenemos pasado y que lo vindicaremos siempre. A pesar de que otros quieran apropiarse de las ideas y figura de D. Manuel Azaña; no sólo la derecha más rancia del Partido Popular, de manera vomitiva, se atreve a usar su memoria en su provecho, Aznar proclamó que tenía “una profunda vocación azañista“.
Desde el otro extremo, desde la izquierda marxista, también reivindica su memoria e incluso su ideología (cuando esto interesa), sin embargo a nosotros, los radical-republicanos, nos siguen tildando, como antes, de “pequeños burgueses”.
Vindicar desde la derecha o desde la izquierda social-comunista, lo que representan las ideas de Azaña es, como poco, soez y zafio. Nada, absolutamente nada, tiene que ver el radicalismo de izquierdas con las propuestas económicas, políticas y sociales de la derecha española y, por descontado, con el marxismo, comunismo o socialismo.
Es por ello que vindicamos con todas nuestras fuerzas: Verdad, Justicia, Reparación para todos los olvidados y Verdad, Justicia, Reparación para los olvidados de los olvidados.
Gran parte de la culpa de lo expuesto es de nosotros mismos que no hemos sabido explicar a la ciudadanía quiénes somos, o qué somos los radicales, o qué nos diferencia de otros que también se denominan republicanos (y lo son). Macrino Suárez, ministro de economía en el gobierno republicano en el exilio, aclaró esa diferencia al definirnos como republicanos sin apellidos
¿Pero quienes somos? Esencialmente una gente que ante la pregunta “¿Monarquía o República?, responde ¡República, República siempre! Me parece la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos. Y en muchos casos la más adecuada a la situación de un país específicamente considerado, verbigracia, España” (Clara Campoamor).
¿Qué queremos? Tenemos como eje el bien común; entendemos que las libertades y derechos, que se reconozcan a los ciudadanos no serán meramente formales, sino reales, es decir, contarán con los medios necesarios para su realización, proporcionados por la República, puesto que ese es su fin propio y específico.
Estos son nuestros pilares:
La Libertad:
Entendida esta como no-dominación o exposición del individuo a la interferencia arbitraria que suponga sometimiento de su dignidad y voluntad.
En este sentido, hacemos valer la necesidad de recordar con Aristóteles que no hay individuos libres sino entre iguales, de tal forma que en la práctica hay que legislar la igualdad siguiendo la máxima de Rousseau: nadie debe ser tan rico como para que otros dependan de él, ni nadie tan pobre como para necesitar venderse a otros.
La Laicidad:
Los radical-republicanos creemos en la virtud de la laicidad, que en realidad es la piedra angular de la filosofía republicana. Los radical-republicanos hemos defendido la neutralidad de las instituciones públicas, incluyendo la escuela -en lo que respecta a las influencias sociales, filosóficas o religiosas-, lo que permite a todos a seguir sus propios pensamientos.
La Solidaridad:
La solidaridad ilumina toda la acción de los radical-republicanos. De un hecho social, hacemos una exigencia moral. Debe ser adquirida a través de la libre asociación y no por la fuerza. Para fortalecer los lazos que existen entre el individuo y la sociedad, la política debe estar guiada por la solidaridad como una realidad intangible y necesaria.
El Humanismo:
El ser humano es la medida, el propósito y la justificación de cualquier acción pública. Su desarrollo, que da sentido al progreso y justifica el esfuerzo de una organización social, debe guiar la acción pública.
La Tolerancia:
La expresión y acción de los republicanos se definen por la razón y la tolerancia. En el corazón de cualquier proyecto republicano se expande la idea de la reconciliación.
El Universalismo:
Los Radical-republicanos tenemos una concepción subjetiva de la nacionalidad, con base en la voluntad libremente expresada de un futuro común y no en criterios de idioma, religión u origen étnico o geográfico.
Por último, y por si alguien o alguno nos sitúa a la derecha o en el centro político, decir que el radicalismo fue, es y seguirá siendo lucha contra los monopolios capitalistas, contra todas las formas de privilegio; radicalismo es reforma agraria, educación popular, acción antiimperialista y reforma universitaria; es defensa y promoción de los derechos económicos de los trabajadores; es derecho de huelga y organización sindical; es salario real y asistencia social; radicalismo es justicia y libertad en todas sus expresiones…
Somos los herederos de las ideas que hombres como Azaña representaron.
La República cobijará sin duda a todos los españoles; a todos les ofrecerá justicia y libertad; pero no será una monarquía sin rey: tendrá que ser una República republicana, pensada por los republicanos, gobernada y dirigida según la voluntad de los republicanos.” Manuel Azaña

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