Por mí, por nosotras, por todas.

El 8 de marzo del año pasado vivimos una histórica Jornada. Una Jornada que, estaba segura entonces y un año después lo estoy todavía más, fue el primer día de la Revolución Feminista del S.XXI. La eclosión de la cuarta ola feminista.

Decía Simone de Beauvoir que el feminismo es una manera de vivir individualmente y luchar colectivamente. Como si fuera un mensaje tatuado en las entrañas, es desde esa clave desde la que siento y milito en el feminismo. Y desde la que hago esta reflexión.

Considero que es importantísimo conocer e interiorizar de dónde venimos para poder plantear, con la responsabilidad que este gran momento requiere, a dónde vamos o dónde queremos ir. Las feministas tenemos mucho trabajo avanzado. Por desgracia llevamos toda la vida, como antes lo hicieron nuestras antecesoras, completando un listado bastante grande de todas aquellas cuestiones que deberían erradicarse y planteamientos, de sobra conocidos, sobre cómo consideramos se debe hacer.  Lo que teníamos claro el año pasado es que no nos podíamos parar el 8 de marzo de 2018. Y aquí estamos de nuevo. Ante la segunda convocatoria de Huelga Feminista. Dos años seguidos en los que pretendemos movilizar, todavía más, a todas las mujeres que estén dispuestas a demostrar que si NOSOTRAS PARAMOS EL MUNDO SE PARA. Y paramos haciendo una huelga laboral, de cuidados, estudiantil y de consumo. Lo que hemos conseguido es tan importante que toca seguir moviéndonos y parándonos. Movernos para exigir transformación, somera y transcendentes, en colectividad, en la institución y de modo particular. Cada una a nivel individual en la medida de sus posibilidades. Pararnos y no aceptar la cantidad de hechos y actitudes cotidianas que nos desprecian. Movernos para seguir tambaleando los cimientos de este sistema patriarcal que nos trata con discriminación y violencia a diario y, en el mejor de los casos, nos considera ciudadanas de segunda. Parándonos para seguir visibilizando lo que el machismo se empeña en invisibilizar: a nosotras y los espacios que ocupamos y preocupamos.

Pero, además, hay algo fundamental que aprendimos el año pasado y que este 8 de marzo de 2019 lo ponemos en marcha con más fuerza y alegría si cabe: que no queremos ni necesitamos tutelas. Nos organizamos juntas y unidas ante el enemigo común. Un enemigo poderoso que ha alimentado gruesas raíces en nuestra sociedad desde hace siglos y que, por ser nuestro, lo atacaremos y derrumbaremos nosotras. Con el apoyo de quiénes quieran acompañar en este camino, claro que sí. Pero es un camino cuya ruta será planificada por los colectivos feministas y sus mujeres.

La sororidad, la red de apoyo entre mujeres, la demostración de que otro mundo es posible, sin opresores ni oprimidas. En libertad. Libres. Libres todas nosotras.

Cuando nosotras paramos el mundo se para, si nosotras nos movemos el mundo se mueve. Ese es nuestro valor, nosotras mismas. Unidas y sin miedo.

Por ello somos temidas y poderosas a la vez. Sigamos exigiendo un mundo en movimiento en el que estemos incluidas todas las que somos y por las que serán.

VIVA LA LUCHA DE LAS MUJERES.

 

¡¡#8M #HuelgaFeminista!!

¡¡A la huelga compañeras!!


P.

Área de Feminismo de Alternativa Republicana.