Democracia es República

Alfonso J.Vázquez Vaamonde. ALTER Madrid.

El  7 de noviembre es una fecha en la que lamentamos que, una vez más, España maltratara a uno de sus mejores ciudadanos, asesinado a manos del mayor de todos los villanos: el Borbón Fernando VII, de raza inextinguible. Él arruinó un imperio floreciente a principios del S. XX. Hundió en la miseria a España y a América en una guerra fratricida. Provocó el enfrentamiento entre la España democrática y la más oscura, integrista, reaccionaria, apoyo constante de los Borbones;  fueron un regalo envenenado de Francia. Traicionó al pueblo regalándole a Napoleón el reino después de habérselo robado a su padre, en lamentable precedente histórico. Y contra ese pueblo inocente que le devolvió el trono y una constitución democrática, el Borbón villano, el que felicitaba a Napoleón cada vez que sus tropas vencían a las españolas, aun lo traicionaría otra vez trayendo tropas extranjeras para asesinar a los españoles democráticos, otro aciago precedente de lo que ocurriría un siglo después con otro traidor: el General Franco.

En lugar de aprender en cabeza ajena, en la que le cortaron a su pariente Luis XVI, apoyó el golpe militar del General Elio, ¡Capitán General de Valencia!, con el apoyo de la iglesia, para seguir ejerciendo de dictador regio en un país que conquistara su soberanía por si mismo.

Defensor de la constitución, Riego, ese bravo asturiano que recibirá en Tineo, su pueblo natal, el homenaje a su gallardía y honradez, luchó contra Napoleón al lado de los Generales Acevedo y Lacy, una calle le recuerda en Madrid, no así a Riego, y soportó que el más villano de los Borbones se negara a jurar la Constitución que le regalara un reino del que era indigno.

Su lealtad la democracia le obligó a conspirar contra el felón Borbón  para devolver al pueblo su soberanía: la de la Constitución democrática. El dictador regio quería mandar tropas para sofocar los intentos separatistas de los españoles de América que, al ver esta enésima traición del Borbón, decidieron romper con él, dejando a su triste suerte a la España europea.

Varios oficiales convencieron al Teniente Coronel Riego para que encabezara un movimiento a favor de la Constitución democrática. Se alzó en Las Cabezas de San Juan el 1 de enero de 1820 con una famosa proclama cuyo valor permanece intacto pese al paso del tiempo: “España está viviendo a merced de un poder arbitrario y absoluto, ejercido sin el menor respeto a las leyes fundamentales de la Nación. El Rey, que debe su trono a cuantos lucharon en la Guerra de la Independencia, no ha jurado, sin embargo, la Constitución, pacto entre el Monarca y el pueblo, cimiento y encarnación de toda Nación moderna. La Constitución española, justa y liberal, ha sido elaborada en Cádiz, entre sangre y sufrimiento. Mas el Rey no la ha jurado y es necesario, para que España se salve, que el Rey jure y respete esa Constitución de 1812, afirmación legítima y civil de los derechos y deberes de los españoles, de todos los españoles, desde el Rey al último labrador ( … ) Sí, sí, soldados; la Constitución. ¡Viva la Constitución!

Un pueblo ignorante presenció sin interés su paso por Andalucía en defensa de suslibertades. Era el mismo pueblo alienado  que había gritado pocos años antes: ¡Vivan las caenas! Cuando todo estaba perdido, la llama prendió en Galicia; A Coruña fue la primera ciudad que re-proclamó la Constitución. Extendida por toda España arribó en Madrid a las puertas del Palacio Real. El Borbón, cobarde como siempre, nueve días antes del aniversario de la Constitución, l 10.03.19020, firmó su Manifiesto, una nueva traición al pueblo soberano: «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional», y el pueblo le creyó una vez más.

Durante el siguiente trienio liberal la suerte de Riego sufrió altibajos, pero conservando su popularidad llegó a ser Presidente de las Cortes. Allí, ante la nueva traición del Borbón – traer tropas extranjeras, los 100.000 hijos de S. Luis, para asesinar a los españoles y recuperar la dictadura regia  – quiso que las Cortes declararan su incapacidad. Luego marchó a Andalucía y reorganizó sus tropas. Derrotado en la famosa batalla de Jodar, fue traicionado y entregado al Borbón traidor, que lo acusó de traición. Fue un precedente de  lo que haría un siglo después otro traidor que también jurara la constitución democrática: el genocida General Franco. Arrastrado vilmente en un serón hasta el patíbulo, fue ahorcado en la Plaza de la Cebada de Madrid entre los insultos del mismo pueblo que tantas veces le había vitoreado.

Vaticino la falta de memoria histórica de todos los medios de comunicación. Pero quienes amamos la libertad y la democracia, con el recuerdo de su asesinato, recordaremos que la única soberanía que cabe en un país democrático es la republicana. Sólo en ella será verdad lo que falsamente declara la C78 “en el pueblo reside la soberanía de la que emanan todos los poderes del Estado”, art. 1.2, porque ahora el poder del Jefe del Estado no emana del pueblo sino de la voluntad de un traidor: el golpista y genocida General Franco; su padre putativo.

La reflexión nuestra de cada día.

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