El próximo fraude: La Ley de Transparencia

Alfonso J.Vázquez Vaamonde. ALTER Madrid.
Con su cara de palo, impertérrito, sin movérsele un pelo, sin que el color suba a sus mejillas, siguen con sus mentiras y nos dicen que nos van a bajar las pensiones para no tener que congelarlas y así poder mantener su poder adquisitivo. El colmo de la desvergüenza no tiene límites.
La mentira se ha instalado como nunca en este país. Ni siquiera en la dictadura, que amamantó ésta, se dijeron tantas mentiras. Entonces, simplemente, se ocultaba la verdad lo cual, al menos, aunque producía terror, no producía vergüenza. Porque eso es lo que nos produce ahora oír a estos políticos: vergüenza ante tanta desvergüenza.
Transparencia es lo que queremos que nos den – ¡por sus obras les conoceréis! – además de agilidad, en el comportamiento del Ministro del Interior y del Ministro de Justicia y del Ministro de Asuntos Exteriores, para dar paso libre a la justicia. Para que se pueda enjuiciar a los torturadores franquistas que todavía están vivos, bajo protección política del aparato del Estado, que – por haberse impedido que nos la dieran los jueces españoles – tenemos que recibirla de jueces argentinos ¡si lo consiguen!
Transparencia es lo que queremos que nos den – ¡por sus obras les conoceréis! – además de agilidad, en el comportamiento del Ministro del Interior y del Ministro de Justicia y del Ministro de Asuntos Exteriores, para dar paso libre a la actuación de los miembros de las Naciones Unidas. Para que el mundo sepa la gran mentira de la Transición a la Democracia que nunca existirá – ya está el becario calentando motores para heredar la dictadura regia heredera de la dictadura militar del genocida General Franco – a fin de que puedan informar del genocidio cometido por las tropas franquistas que, conscientes de su salvajada, la ocultaron por campos y cunetas para que nunca se pudieran descubrir y así poder negar su existencia.
Transparencia es lo que queremos- ¡por sus obras les conoceréis! – además de agilidad, en el comportamiento del Gobierno que han negado a los hijos y nietos de los asesinados el derecho a descubrir sus tumbas y darles un honroso entierro con la disculpa de que estamos en crisis.
La falsedad de la Transparencia prometida – ¡dime de que alardeas y te diré de qué careces! – es evidente. Cuando el Sr. Aznar presumía de que estábamos creciendo más que nadie en la Unión Europea y nadábamos en la abundancia, no había dinero para reparar el daño causado por los herederos de aquellos asesinos, unos herederos que siguen tan avergonzados como ellos y como ellos quieren seguir ocultando su crimen.
Queremos Transparencia, no una ley de transparencia para que no haya transparencia.
Transparencia en las informaciones que tenéis sobre las actuaciones de los corruptos que hubo en las filas de vuestros partidos, año tras año, en puestos con elevado manejo de dinero público; corruptos que seguís sin poner a disposición del juez, porque ocultáis las pruebas de sus delitos ¡aunque el juez os la pida!, en cuyo caso esa información se volverá tan transparente que se evaporará, como se evaporaron ¿cae mayor transparencia? los libros de visitas, los vídeos de control de acceso a la sede del PP, los discos duros de los ordenadores, los …., los…, los…
Transparencia desde las más altas magistraturas del Estado – incluso de las designadas por el dictador genocida – hasta el último ayuntamiento donde gobiernan esos corruptos. Los que saludan brazo en alto y dicen que si Franco asesinó a un millón de españoles es porque se lo merecían. Quizá por eso, con piedad y caridad cristianas, tantos curas y tantas monjas se opusieron al asesinato de los hijos de tantas mujeres demócratas y se conformaron con vendérselos a familias decentemente cristianas que no dudaron en pagar por ellos. Pero también los que saludan con el brazo en bajo – a veces son los mismos, porque para eso tienen dos vasos –  poniendo “el cazo”.
Pero toda la transparencia que nos dareis será la que tiene vuestra alma, opaca de puro negra. Y si alguien tiene alguna duda ahí tenemos la prohibición de discutir la moción para saber si Rajoy, en opinión del Parlamento mintió o no. Por supuesto que el PP tiene mayoría y por tanto el resultado de la votación sería que no mintió.
Pero el PP no quiere ni que se discuta- ¡demasiada transparencia! – porque si se discute el ciudadano puede llegar a sus propias conclusiones y, cuando el PP diga que Rajoy no mintió, el ciudadano concluya: “¡no nos representan!”. Y ya sería uno más.

La reflexión nuestra de cada día.

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