Estraperlo

Miguel Ángel Cerdán. Profesor de Educación Secundaria. Castellón. Fed. Valenciana de ALTER

El Estraperlo es un vocablo que tiene una doble, y seguramente ligada entre sí, acepción histórica. Por un lado hace referencia al comercio ilegal y mercado negro que funcionó en los tiempos de racionamiento del primer franquismo. Y por otro, es el nombre del escándalo que supuso la caída de Lerroux y del Partido Radical en la II República.

En cuanto al escándalo político del gobierno radical, el Straperlo, cuyo nombre proviene de Strauss, Perel y su esposa Lowan, era un juego de ruleta trucado, para cuya introducción sus inventores afirmaron haber sobornado a varios políticos del Partido Radical. En cualquier caso, el timo era tan evidente que las autoridades no tardaron en prohibirlo. Y ello le llevó a Strauss a denunciar el asunto. Por supuesto, Lerroux que era el jefe del Gobierno, no hizo caso a la denuncia. Sin embargo, don Niceto Alcalá Zamora, que era el Presidente de la República, y por lo tanto el Jefe del Estado, se negó a que el asunto fuera silenciado y obligó a que se trasladara el caso denunciado por Strauss al Parlamento. Y el Parlamento designó una comisión para estudiarlo. Su dictamen fue que existían actuaciones que no se ajustaban a la austeridad y ética que en la gestión de los negocios públicos se suponen, y señalaba la culpabilidad de veteranos políticos radicales. Las Cortes votaron la culpabilidad política de los acusados, y ello supuso que Lerroux abandonara el Gobierno. Poco después, estalló un nuevo escándalo, el llamado “expediente Talla”, y Lerroux y los radicales quedaron total y definitivamente desprestigiados. De hecho, en las elecciones de febrero de 1936, y dado el sistema de listas abiertas que existía, Lerroux, que se presentó a la desesperada por Castellón para intentar salir elegido, no logró el acta de Diputado. Los radicales apenas lograron cuatro escaños.

En cualquier caso, lo que tiene de importancia este caso, el caso del Estraperlo, es señalar que, a diferencia de lo que ocurre ahora, las instituciones sí que funcionaron. Funcionó la Jefatura del Estado, que no permitió que Lerroux echara tierra al asunto, y funcionó el sistema electoral, que castigó a los responsables políticos. Entonces, hay que recalcarlo, existía en España una República. Y no había impunidad. A buen entendedor…

Este artículo de Miguel Ángel Cerdán ha sido publicado en la versión impresa de El Mundo de Castellón.

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