La gran mentira del capitalismo y sus administradores políticos

Salva Artacho Ruiz. Valencia por la República.

Salva Artacho.

Valencia por la República

Cuando éramos estudiantes en la Escuela Social de Trabajo (hoy Escuelas Universitarias o Facultades de Trabajo Social) nos hablaban y se empeñaban en que entendiéramos las nociones mínimas de microeconomía y macroeconomía, quizás para convencernos a los futuros graduados sociales que nuestra labor era cuando defendiéramos a los trabajadores de la “mala acción punitiva” del empresariado contra los mismos (despidos, planes de regulación, sanciones…) que no eran un capricho de tan “buenos y estupendos emprendedores” que abundan/desabundan según el peso de las monedas que llenan su bolsa en esta tierra hispana.

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Teníamos que convencernos que la economía capitalista no es mala en sí, que es lo que hay, que es mejor que lo que se daba más allá del telón de acero, hoy desaparecido y en comunión total con el capitalismo mundial. Que por encima de las bondades del “sr.” empresario estaban las leyes de la “oferta y la demanda”, y que las crisis del sistema eran inevitables periódicamente y se resolvían cuando menor era la intervención de los estados y se dejaba obrar a ese instrumento conocido como la “mano invisible”.

Cuantas mentiras y cuantos cuentos se meten en las cabezas de los estudiantes para que reproduzcan y extiendan las falsas bondades de un sistema injusto, arbitrario y cruel contra la mayoría social de la ciudadanía.

En nuestro país la “lucha de clases” de la que hablaba K. Marx se ha ido diluyendo porque bastantes trabajadores y sobre todo los de cuello blanco ganaron más y se creyeron cómodos de encuadrarse en ese invento del propio sistema conocido como “clases medias”. Las aspiraciones de la clase trabajadora fueron dejando de ser destruir el capitalismo para llegar al socialismo, sino llegar a formar parte como sea ( aunque en muchos casos conllevó la sobre-explotacion de jornadas laborales interminables) de esa “bendita” clase media. Claro que los partidos de la “izquierda legal” del sistema, así como los sindicatos burocráticos fueron una herramienta imprescindible para esos logros.

Como todos sabemos las crisis del capitalismo son cíclicas y aparecen cuando el mismo (ahí la intervención de la “mano invisible”) decide re-estructurarse y tira lastre. Sus consecuencias son: adiós al empleo “fijo”, adiós a los engaños de estado del bienestar social, adiós a las puertas abiertas a la “clase media”, adiós a la los beneficios sociales, adiós a la seguridad social, adiós a las puertas abiertas al universidad para los hijos de trabajadores… y vuelta a la sobre-explotacion salarial, a la precariedad laboral, a la reducción de la seguridad e higiene laboral, al fin de la prevención y del mutualismo, al coto salvaje a las prestaciones sociales por desempleo, el cual se convierte en una tropa desmoralizada y presta a lo que los “señores capitalistas” les ofrezcan, aunque sean míseras migajas.

Esas son parte de las “bondades” del capitalismo global como ahora gustan llamarse. No hay otra salida… Pero ¿de verdad no hay otra salida?

El conformismo de una gran parte de la sociedad parece confirmarlo.

Para botón de muestra ahí están los últimos procesos electorales, la confianza depositada y revalidada ampliamente en los gestores “políticos” de la clase minoritaria capitalista, son los que hacen las leyes y ordenan la represión oportuna cuando peligra el orden que tanto les beneficia.

¿Les beneficia la situación agónica de amplias capas de la población a los capitalistas y especuladores?

Quién no lo ve es porque no quiere. Sino cómo se explica que cuando la media salarial de los trabajadores (ya no hablemos de las condiciones precarias y abusivas que se dan dentro del marco laboral de los que tienen todavía la suerte de tener un empleo) va cayendo año tras año y los grandes bancos como el SANTANDER obtiene beneficios del 24%, TELEFÓNICA duplica sus beneficios, REPSOL logra un incremento del 35%… y así la mayoría de corporaciones y entramados de la gran explotación.

Quién lea esta reflexión, al que le agradezco su paciencia por hacerlo, no debe pensar que es el lamento de un “comunista” que llora su fracaso. No, lejos de mi ese marco ideológico que sí ha fracasado: muro de Berlin, desintegración de la URSS, capitalismo chino garantizado por un partido comunista… Son la reflexión de un demócrata radical, que reivindica la democracia económica, política y social, que solo se puede dar con la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, ideales pervertidos hoy en algunas de las repúblicas que nos rodean, pero que en sí no dejan de ser la única vía que nos puede llevar a una sociedad de la solidaridad real.

Salud y República.


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