La polémica de las capuchas

Javier Sánchez-Mota.
Republicano español a cara descubierta.

No es nada nuevo, pero a raíz del 22M se ha generado una fuerte polémica en la que predominan las vísceras y el ataque personal sobre los argumentos. Ese es el motivo por el que prefiero expresar mi opinión aquí, de forma civilizada y, si soy capaz, razonada.

Para mí, el punto de partida de la polémica es la frustración que genera la falta de objetivos y estrategias. Se critica la efectividad de la movilización pacífica antes de haberla realizado. Ya sé que hay más manifestaciones que días, pero son sectoriales y muy minoritarias. La movilización pacífica, para ser efectiva debe ser unitaria y masiva, algo que aún no se ha hecho.
Estamos ante la oportunidad de participar en una protesta sin precedentes, la protesta capaz de hacer tambalearse a los cimientos del régimen. Las Marchas por la Dignidad del 22M, pese al bloqueo informativo de los medios del poder, ya ha sido un éxito, ya hay miles de personas caminando hacia Madrid y otras muchas miles acudirán al evento los días 21 y 22 por carretera y ferrocarril. Podemos encontrarnos con varios cientos de miles de personas distintas pero unidas gritando ¡BASTA YA! en la capital del reino.
Pero siempre hay quien quiere más y la opción que aportan es enfrentarse con la policía. No en función de un objetivo concreto sino por deporte, imbuidos de una especie de malsano espíritu olímpico. El resultado es que, el día siguiente de una manifestación, la foto de portada y la imagen con que abren los telediarios es la de un contenedor ardiendo o mobiliario urbano destrozado. Sencillamente, les han hecho un favor a los poderosos, bien por ser funcionarios pagados para hacerlo bien por “problemas de riego”, los “encapuchados” consiguen desvirtuar totalmente la protesta y que lo que le llegue al gran público sea el altercado y no la protesta de fondo.
El 22M puede ser un punto y aparte en la lucha política. Se puede enviar un mensaje imposible de ignorar. El régimen ha tratado de silenciar las marchas, pero existen las redes sociales y el activismo político de base. Si el silencio no ha funcionado, lo siguiente que intentarán será criminalizar la protesta. No se puede reprimir a cientos de miles de personas protestando pacíficamente, por lo que necesitan altercados que justifiquen una intervención expeditiva de los cuerpos de represión del estado.
Y en este punto es donde surge la iniciativa de solicitar que los/as participantes del 22M aíslen y expulsen a los encapuchados de la manifestación. Un encapuchado puede ser cualquiera. Puede ser un policía infiltrado, no es paranoia, el gobierno admite su utilización y les hemos visto actuar y reventar manifestaciones pacíficas (recordad el “soy compañero” o las pulseritas amarillas o el que deja a la vista su arma reglamentaria mientras revienta un escaparate en Pamplona), es uno de los motivos de que pretendan prohibir la grabación de imágenes en las manifestaciones. Puede ser un ultraderechista, hacen lo mismo que los policías pero sin placa. Y puede ser alguien que impone su particular visión de la lucha política a la mayoría pacífica, alguien que tira la botella o la piedra y corre como un gamo para que los/as detenidos/as y apaleados/as sean quienes andaban por allí.

Tengo varios motivos para pedir el aislamiento y la expulsión de los/as encapuchados/as:

  1. Como republicano, estoy acostumbrado a ir de cara sin nada que esconder y no me planteo cambiar.
  2. Cada columna o bloque o grupo tiene derecho a decidir cómo quiere manifestarse sin la imposición de un pequeño grupo de infiltrados.
  3. Si llegara el momento de defenderse de una agresión, con la cara descubierta se respira mejor y se tiene mayor campo de visión.
  4. Necesitamos movilizaciones masivas. No hay posibilidad de cambio sin apoyo ciudadano masivo. Hay que invitar a la gente a levantarse del sofá y movilizarse de forma decidida pero tranquila, a demostrar que somos mayoría sin ser apaleados porque un descerebrado tiró una piedra y ya está a kilómetros de distancia. Necesitamos movilizaciones a las que ir en familia, sin miedo y sin marcha atrás.
Por aquello de la libertad individual, yo entendería la formación de un bloque negro o bloque encapuchado o “black block”, pero juntos y diferenciados, no infiltrados entre quienes ejercen también su libertad de manifestarse como les salga de sus gónadas. Incluso estaría dispuesto a colaborar con ellos/as sellándoles la retaguardia para evitarles la tentación de huir una vez desvirtuada la manifestación, de forma que sean ellos/as y no la gente pacífica los/as que afronten las consecuencias de su articular estrategia.
Estamos ante una gran oportunidad. Por poner un ejemplo, los/as republicanos/as caminaremos juntos/as por primera vez en 80 años. Puede ser un punto y aparte, puede ser el principio del fin de un régimen ilegítimo, cruel e injusto. No dejemos que lo estropee ni la sra. (por decir algo) Cifuentes ni una minoría de exaltados/as.
Dicho esto, que cada cual ejerza su sentido crítico, saque sus conclusiones y tome su decisión.
Cosas Mias es el blog personal  Javier Sánchez-Mota
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