La “Rosa catorce” nos ha dejado

Cecilio Urgoiti

El 1 de abril de 1939. Con la entrada en Madrid de las tropas de Franco, este y sus secuaces golpistas daban por terminada la Guerra Civil Española. Temiendo la sangrienta represión que se avecinaba y que de hecho ocurrió, muchos republicanos huyeron del país, pero otros no pudieron o no quisieron, como las jóvenes muchachas protagonistas de esta historia cierta. Franco prometió y nunca cumplió, “…que solamente serían castigados los que tuvieran las manos manchadas de sangre.” Y ninguna de esas chicas las tenía. Las detuvieron al mes de la llegada de las tropas golpistas. Sufrieron duros interrogatorios policiales y finalmente fueron trasladadas a la cárcel de Ventas.

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A las 13 detenidas, las que sus compañeras bautizaron como “las menores” por su corta edad, las incluyeron en la misma causa bajo la acusación de “ayuda a la rebelión y haber planeado un atentado contra Franco,” un atentado irreal pero que daba base a la acusación. Todo muy abstracto, sin pruebas. Los seguidores del asesino dictador, actuaban con total impunidad y estas fueron muchas de las viles actuaciones de estos, hasta hoy, impunes criminales.
Ellas y sus familiares estaban tranquilos, a lo máximo les caerían unos cuantos años de cárcel. Pero unos días antes de que se celebrase el juicio se produjo un atentado contra un militar franquista, suceso en el que murieron tres personas. Las 13 jóvenes fueron condenadas a muerte. En señal clara de una represalia, con la cierta intención de dañar, vengar y sembrar de miedo y terror las actuaciones del dictador.
Hoy ha muerto Carmen Lafuente, la que siempre fue llamada la “Catorce Rosa” ella fue, compañera en la cárcel hasta el 5 de agosto de 1939, día en el que fueron fusiladas. Estas jóvenes criaturas eran ejecutadas, tras una sentencia de muerte totalmente manipulada y dictada cargada y llena de odio y rencor. Para ser juzgadas se utilizó una ley franquista que establecía los 14 años edad, para ser juzgados y condenados hasta la pena capital. Y a los pocos días cambiaba el Código Civil y ponía los 23 años de edad, para que la mujer tuviera mayoría de edad.
Las Trece Rosas consolaron a las otras reclusas que lloraban, asegurando que se sentían felices de dar su vida por una causa justa. Cuando vinieron sus verdugos las trece salieron gritando: “¡viva la República!”
La hoy fallecida ha sido quien más me ha ayudado a la hora de haceros llegar esta semblanza de las míticas Catorce Rosas, pues me uno a los que así llevan tiempo haciéndolo.


Carmen Lafuente: Presente D. E. P.
Salud, República y Laicismo.


 

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