La trampa del discurso independentista al rescate de Rajoy

Luis Iglesias

Vocal de la Comisión Ejecutiva Federal de Alternativa Republicana.

Artur Mas afirmó en el Parlament de Catalunya, en una comparecencia forzada por el registro de sede de su partido, la siguiente respuesta a Joan Herrera (fuente):

“Señor Herrera, el domingo 27S por la noche se contará ‘sí’ y ‘no’, y su candidatura [Catalunya Sí que es Pot] será contada como ‘no’ y será la fiesta de los Aznar y los Rajoy. Y ya sé que usted no tiene nada que ver con ellos pero eso será así”

Hoy, en la sesión de investidura, cuando ha hecho recuento del voto en las elecciones del 27 de septiembre, ha sentenciado que hay votos del sí, del no… y de una tercera categoría, nueva, que él nunca había mencionado y que aparece ahora, con los resultados ya sobre la mesa, cuando la suma de votos de Junts pel Sí y de la CUP es evidente que queda por debajo del 50%. Así, arrincona los votos de Catalunya Sí que es pot y con esta relectura de los resultados, hecha en función de sus propios intereses, ya puede cuadrar, con una gigantesca debilidad, los números de su plebiscito, con los cuales dice que tiene suficiente para tirar adelante su proceso.

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Al lado independentista del Parlament (triste división impuesta en la cámara catalana) a ninguna voz le parece extraño esto o hace un mínimo ejercicio de coherencia democrática, tan cacareada para atacar al resto de las izquierdas, como para reconocer la impostura brutal que supone este cambio para la sociedad y el oportunismo que esconde, así como las consecuencias que pueda llevar, no tan solo por la falta de legitimidad sin mayoría de votos y la pobre credibilidad democrática para los propios representantes, sino porque se acentuarán con total certeza una fractura social en Cataluña que ya muestran los estudios sociológicos de los últimos meses, con media Cataluña viviendo políticamente de espaldas a la otra. Y viceversa.

Esto además se produce en un momento muy singular. El efecto más inmediato que ha tenido esta declaración del Parlament ha estado la reacción exageradamente teatralizada por la derecha mediática y parlamentaria, que ha recibido del independentismo un balón de oxígeno inigualable: la capacidad de centrar el discurso en la cuestión nacional, lejos de los escándalos que ha arrastrado a lo largo de toda la legislatura el Partido Popular y ahogan sus expectativas electorales.
De manera consciente y premeditada los partidos independentistas hacen de palanca para el reaccionarismo para apartar del debate político la corrupción y la gestión antisocial durante esta legislatura, abriendo espacio para una confrontación sobre identidades y nacionalismos que tanto beneficia al PP y aleja toda posibilidad de cambio real en las elecciones. Haciendo bueno el ‘cuanto peor, mejor’ el independentismo da alas al inmovilismo para mantener el discurso de “España no quiere cambiar” porque prioriza ayudar a liquidar a la izquierda por encima de colaborar en un cambio real de la situación.

VERSIÓ EN CATALÀ


Blog personal de Luis Iglesias.

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