¡No me toques las pensiones!: (I) La gran estafa

Es falso que los trabajadores en activo paguen las pensiones de los trabajadores jubilados. El Estado se comprometió con un contrato de Seguro de Vida a pagar unas prestaciones – con cargo al dinero pagado – al que sobrevivía a la edad de jubilación. “Nadie pues le paga a nadie” un subsidio de jubilación; “se le devuelve” lo comprometido de las cuotas de SU SEGURO DE VIDA al que tiene derecho.
El trabajador cumplió su compromiso:  pagar todos los años lo que se le pidió; al Estado le toca ahora cumplir el suyo,devolver, con cargo a SU DINERO de SU SEGURO DE VIDA la pensión acordada manteniendo el poder adquisitivo de la primera pensión percibida. Si no lo hace comete una estafa. Una más.
Las mentiras que a diario, mañana, tarde y noche, dice el gobierno para engañar a los ciudadanos revelan su ánimo fraudulento, pero dos cosas deben quedar claras:
1.- La jubilación no es un subsidio, es un SEGURO.
2.- La jubilación no la paga el Estado, la DEVUELVE el Estado, que fue el que la cobró.
Los métodos de engaño que utiliza este gobierno los copia de los nazis: “No hay mentira que repetida un número suficiente de veces no acabe siendo admitida como una verdad”. A muchos, no a los suficientes, nos sorprende el cinismo con que estos individuos mienten con total desfachatez. A otros, ¿son aun mayoría?, más confiados o menos reflexivos, la mentira  les va calando a fuerza de oírla; algunos – demasiados – acaban admitiendo como razón lo que es un puro engaño, ¡aun en su perjuicio!
A base de repetición acaban tragando unas ”bolas” inmensas y aceptando que atropellen sus derechos.
 Que el Estado gestionara mal ese dinero y metiera mano en “esa bolsa”, y, “corrupto”, admitiera el impago de las cuotas a ciertos colectivos, p. ej., los clubes de fútbol, no altera su obligación. Que se endeudara para impedir que quebraran empresas privadas – lo bancos que siguen repartiendo beneficios y sobresueldos “diferidos” a los causantes de esta estafa que estamos sufriendo – tampoco altera en nada su obligación.
O quiebra el Estado, como una empresa, o responde de sus compromisos dejando de despilfarrar el dinero.
El trabajador jubilado – al que, inconstitucionalmente, se le prohíbe trabajar, es decir producir riqueza, ¡que hace falta tener gobiernos necios! – tiene derecho a la devolución del dinero aportado al fondo del Seguro de jubilación. Se trata de un contrato específico entre los trabajadores y el Estado que no pueden ser unilateralmente modificadas por un Gobierno.
Al trabajador se le obligó a subscribir ese Seguro Estatal, no se le dejó intervenir en su gestión, la hizo  el Gobierno; no se le permitió elegir en la forma de gestión de sus aportaciones (reparto o capitalización).
Que no supieran prever una evolución  demográfica ¡absolutamente lenta!, no altera en nada sus derechos. La esperanza de vida se ha visto evolucionar lentamente a lo largo del tiempo. Hubo dos disminuciones brutales, hijas de la violencia militar de dos estúpidas guerras: la de África de 1914, organizada por el abuelo de D. Juan Carlos I de Franco, al que el perecían los uniformes y jugar a los soldaditos con las vidas ajenas y el genocidio de 1936-1939 de su padre putativo, el que acabó con la democracia en España; el que inventó este bodrio de Reino de España con pretensiones de eternidad, porque lo inventó hereditario.
Por otra parte, si se tuvo en cuenta esa evolución a lo largo de estos años. El cómputo de la pensión se fue ampliando de 5 a 10 a 15 años. Se trataba de evitar el fraude de los empresarios autónomos  – que se disfrazan llamándose trabajadores autónomos – consistente en subirse el sueldo los últimos años para cobrar más de lo que les correspondía por lo cotizado.
Los trabajadores por cuenta ajena no cometieron ese fraude. Su “patrón” no les subía el sueldo para estafar a hacienda, es decir, a los demás trabajadores. Esos empresarios, si cometían una estafa era sólo a su favor, autónomos o no, perjudicando a los demás trabajadores.
Tras esta evolución del esquema de reparto al de capitalización, que es, incompleto, el que hay ahora, lo hayan hecho bien o mal tiene que cumplir con sus obligaciones: las vigentes en cada momento con el trabajador. ¡Lo contrario sería una estafa! Y basta con la de los bancos.
Alfonso J.Vázquez Vaamonde
Alternativa Republicana – Madrid
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