¡No pasarán!: (4) Lo que va de ayer a hoy

Alfonso J.Vázquez Vaamonde. ALTER Madrid.

Cuarto de una serie de cinco artículos de nuestro compañero de ALTER Madrid Alfonso J.Vázquez Vaamonde con motivo del 77 aniversario del golpe fascista contra la República Española del 18 de julio de 1936.

Recuerdo que nada más moriré el genocida apareció un libro que se las prometía como best-seller: los mil y un chistes sobre Franco que, con osada oportunidad, se publicó esperando que todo el mundo los comprara para mofarse del genocida muerto recordando las mofas que se le hacía cuando estaba vivo, aunque fuera bajando la voz.
Recuerdo que todos le auguramos un éxito editorial sin precedentes y hasta nos hubiera arreglado esa “risueña” ajuste de cuentas con el dictador. Yo no compré el libro; nadie que yo conociera compró el libro; al parecer fue un fracaso editorial. ¡Nadie compró el libro!
Como siempre, las explicaciones vienen después de los hechos.
1.-La gente estaba tan harta de Franco que, muerto ya, maldita la gracia que tenían los chistes
2.- La gente disfrutaba no tanto por el chiste, cuando por sentir el riego de hacer lo prohibido.
3.- La gente quería olvidarse de Franco, de su familia y de la negra cuaresma vivida bajo él
4.-La gente, dignamente no hizo leña del árbol caído. De un troco podrido ni la madera vale.
Seguro que hay más explicaciones, pero a mí todas estas me parecen las más dignas.
Pregúntense Vds. ajora que ha sido de la familia de Franco. Tras el episodio más patético que de evasión de impuestos de la hija llevándose unas monedas de oro – ¡que cutrez! – para hacerse un reloj en Suiza, como si en España no hubiera relojeros y los diversos matrimonios de su nieta mayor, ¿sabe alguien algo de esa familia las suelas de cuyos zapatos lamían todos? ¿Se sabe algo del nieto con el que se cometió la mascarada de invertir los apellidos para que el primero fuera Franco y el segundo Martinez (su padre se llamaba Martínez Bordiú)?. Aun recuerdo el chiste que se contaba con tal motivo: el nieto mayor veía venir a sus hermanas y le decía a sus amigos “¡vámonos que viene las de Martínez!”
¿Alguno de la familia de los Borbones, Juan Carlos I de Franco, Sofía Princesa de España y reina consorte o Felipe de Borbón Parla y su esposa Letizia de Gijón Parla, Príncipes de Asturias, o la Duquesa De Palma o La Duquesa de Lugo, que deben todos ellos sus títulos al genocida, son capaces de reconocer el origen de su actual bienestar con el testimonio de agradecimiento manteniendo el trato con la familia de la que viene todo lo que tienen?
Evidentemente no. Ellos menos que nadie quieren tener nada que permita recordar su origen dictatorial, la sangre que ha heredado, el genocidio que tiene en su CV, porque no sabe separar el trigo de la paja cuando se hereda la cosecha.
Por eso tampoco ellos con capaces de recordar el 18 de julio, ese día que nació ensangrentado con la sangre vertida ya el 17? No, no lo son; no son capaces; porque no son agradecidos si como dice el refrán “de bien nacidos es ser agradecidos”, nos vemos obligados a concluir que tampoco son bien nacidos. Pero si analizamos su árbol genealógico no sabemos si nos encontramos ante una conclusión o ante un postulado.
Por eso, nadie se engañe. Juan Carlos I de Franco sabe que ésa es la ley. A burro muerto, ,cebada al rabo. Por eso no abdicará. El sabe más de su propia vida que lo que sabemos todos los demás. El sabe que hay demasiados cuchillos afilados esperando la “noche de los cuchillos largos” y no está dispuesto a que le sorprenda la noche.
Morirá siendo rey. Él sabe, y últimamente lo está viviendo ya en sus propias carnes, que su único salvoconducto constitucional es rey, porque en el momento de serlo perdería todos los privilegios que tiene ¡que son muchos!
Durante estos años no se hizo una ley que ampliara la ausencia de democracia ampliando privilegios vitalicios – ¡de poco le sirvieron a Pinochet ni a Videla! – si el rey que se inventara Franco abdicaba. Todos los gobiernos eran consciente, y Juan Carlos I de Franco también, que no estaba el horno – la ciudadanía -para bollos – ampliar los privilegios antidemocráticos. Esta conciencia de ilegitimidad pasa su factura años después, pero la letra estuvo bien descontada – y hoy los tiempos están muy pero muy revueltos. Juan Carlos I de Franco aunque tenga esa cara borbónica que parece que no se entera de nada yo jamás diré de él que es tonto. No me empeñaré en decir que es inteligente, pero listo … ¡eso lo es un rato largo!
¿Qué abdicar sería lo mejor para conservar la institución monarquía? No conozco a ningún rey preocupado por la monarquía, sino por morirse siendo rey. Su hijo o hija, ¡que con su pan se lo coman! Hubo excepciones, Carlos I y Felipe V; pero eso, son excepciones. ¿Qué las hay ahora fuera de España? Pero bueno, ¿no sabe Vd. que “Spain is different? Juan Carlos I de Franco sí lo sabe. Sabe que lo mejor es no menearlo; bastante se tambalea ya todo; ¡y cada vez más! ¿Se llamaba Felipito Tacatún aquel penoso personaje de la tele que decía “yo sigo”. Pues eso.

La reflexión nuestra de cada día.

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