¡Pues claro que es política!

Alfonso J.Vázquez Vaamonde. ALTER Madrid.
Cuando alguien, en referencia al vino, dice “¡eso es química!” respondo a esos ignorantes: “¡gracias a Dios!”La química nos permitió conocer científicamente el proceso de fermentación y por eso hoy podemos controlarlo para nuestro beneficio haciendo mejores vinos!”.

¡Eso es química! es reproche que nunca diría un químico como sí hacen los políticos ignorantes parea desacreditar la acción política de los ciudadanos a cuyo servicio están ¿o se han olvidado?, o de los funcionarios que desde las instituciones les corrigen por su mal hacer.

A estos insensatos ¿creerán que la política es un derecho exclusivo de ellos? les doy igual respuesta :”¡gracias a Dios!”, porque malo será el día en que los ciudadanos, asiento de la soberanía, se despreocupen de la política y se vuelvan absentistas de su propio patrimonio. Sus administradores – los políticos – se lo apropiarán para su beneficio, como pretenden estos.

Sólo un corrupto clamar contra la politización del derecho. Otra cosa es r la falta de separación entre el poder del derecho, que emana del poder legislativo, y el poder del derecho, el que los jueces aplican a los ciudadanos que demandan justicia en un caso concreto.

Esa falta de independencia ha sido lamentable en algunos tribunales que han recibido el justo varapalo el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo por no corregir el abuso del poder ejecutivo atropellando al ciudadano aplicando las leyes penales con efecto retroactivo, ¡que es un atropello a la inteligencia!

Es política toda manifestación ciudadana de apoyo o de desacuerdo con la gestión de los políticos. Lo es cualquier huelga con la que los trabajadores exponen su disconformidad ante el atropello a sus derechos por los políticos elegidos para protegerlos. Es la legítima y necesaria actuación del pueblo soberano donde- ” reside la soberanía de donde emanan todos los poderes del estado” (art. 1.1CE78) – que ¡sólo expresa su queja ante esta mala gestión!

Lo dijera hace ya muchos años Ihering, un preclaro jurista,: “La lucha es el trabajo eterno del derecho. Si es una verdad que ganaras el pan con el sudor de tu frente, no lo es menos añadir también solamente luchando alcanzarás tu derecho“.

El derecho se edifica sobre un fundamento legislativo, es decir, político, o como también decía Ihering “la obra legislativa siempre se produce, como sabemos, dentro de la más dura contradicción de intereses“; el pueblo, la polis – de ahí político – reivindica la justicia.

Y diremos con él: “El Derecho necesita el concurso de la fuerza efectiva. La necesita para su realización concreta cuando faltan instituciones protectoras el interesado debe de combatir con sus propias fuerzas (legítima defensa, casos autorizados de justicia privada, guerra)“.

Está legitimado el pueblo, ¡es el soberano!, cuando hace política y opina en la calle cuando sus administradores administran tan mal desde las instituciones que debían administrar mejor.

Rendir Zamora – a los malos políticos – exige la colaboración de todos: del pueblo soberano, que ejerce la política desde la calle en un ejercicio de avocación de la soberanía y de los jueces que ejercen la justicia protegiendo los derechos humanos. Buscaremos la justicia que se nos niegan allí donde exista: el Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea.

Eso se hizo ante el fallo de las instituciones nacionales- hipotecas, la aplicación retroactiva de preceptos sancionadores – que violaron la CE78: “La Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos” (art.9.3.C78).

El poder legislativo emana del pueblo; el poder ejecutivo emana del poder legislativo; el poder judicial emana del poder ejecutivo y del legislativo ¿no sería bueno que emanara directamente del pueblo? Quizá así, el poder judicial no olvidaría que está al servicio del pueblo y no de los políticos que los nombran en elección secundaria no y el pueblo no se vería obligado a avocar su soberanía, que administrar, ¡sólo administrar! los políticos, ¡pero también los jueces!

Porque eso suelen olvidar unos y otros tras su nombramiento: la soberanía sigue residiendo en el pueblo de donde emanan todos los poderes del Estado. Incluso aquí donde el poder del Jefe del Estado aún emana del dedo del dictador y genocida muerto hace casi medio siglo.

Que la cesión de administración se pueda modificar cada cuatro años nos permite soportarlos. Pero es necesaria ya una ALTERNATIVA REPUBLCIANA para recuperar la democracia. Ésta no existirá hasta que podamos elegir al Jefe del Estado, rechazando la herencia impuesta, manu militari, por golpistas y genocidas; una continuación del golpismo que la inmensa mayoría de los actuales y corruptos partidos del arco parlamentario – por antidemocráticos – están empeñados en proteger para su beneficio.

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