¡Si quieres cambiar, educa!

Javier González Sabín. Secretario General de la Federación de Madrid de ALTER.
Javier González Sabín. Secretario General de la Federación de Madrid de ALTER.

Javier González Sabín. Secretario General de la Federación de Madrid de ALTER.

 

Se debate en la actualidad acerca del papel de la enseñanza y los métodos que deben de configurarla. Se cuestiona la efectividad de la educación pública, se argumenta en pro de la desigualdad que genera la educación privada…pero en ningún caso se tiene en cuenta la importancia que encierra enseñar: la educación es un arma cargada de futuro.

Desde el año 2011, se han impulsado desde el Ministerio de Educación un conjunto de medidas destinadas a mercantilizar la enseñanza. Se impusieron diversos recortes, tanto materiales como académicos, al tiempo que se limitaba el acceso a centros de formación superior (universidades, escuelas técnicas, etc.). Para muchos, el fin último de estas políticas no era otro que la mera destrucción de la educación pública.

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Lejos de considerar tan arbitrarias y caprichosas las decisiones del equipo encabezado por José Ignacio Wert, me inclino a considerar que sus propuestas son el resultado de contemplar el derecho público desde una visión empresarial, lo que desemboca en acciones anti-democráticas y afines al interés particular.
Desde el comienzo de su legislatura, los responsables del Ministerio han considerado la educación (derecho que constituye un eje central de cara al correcto funcionamiento y bienestar social), como una mercancía que debían de gestionar adecuadamente para alcanzar un elevado número de beneficios económicos. A partir de entonces, estas ganancias serían distribuidas de la manera que el gobierno considerase pertinente…¡Primer error! La educación no es un conjunto de productos que deban de ser distribuidos y puestos a la venta: es una necesidad recíproca entre el individuo y el Estado, pues un individuo formado será un ciudadano/a, al tiempo que un Estado de ciudadanos/as será el único capaz de garantizar bienestar, igualdad y democracia.
“Comercializar” la educación supone engendrar una sociedad caciquil, en la que un grupo reducido de privilegiados accederán a la enseñanza para ser adoctrinados en el mismo modelo educativo. Supondría, en definitiva, transformar la estructura orgánica del Estado en la de una empresa, en la que los derechos fundamentales se habrían convertido en productos de alta gama, generándose un mercado que excluiría a un sector considerable de la población. Una población que, a su vez, perdería su condición ciudadana para transformarse en súbdita de una oligarquía empresarial.
En efecto, desde la perspectiva individual supondría formar súbditos, ya sea carentes de una formación libre y alejada de intereses económicos, o directamente excluidos del sistema educativo. Pero, al constituir la enseñanza una relación recíproca entre el individuo y el Estado (como ya hemos mencionado), los daños que generaría esta perspectiva de la educación serían nefastos para el país en su conjunto:
La preparación profesional e intelectual de los individuos se vincularía a su propio estatus económico, no a sus capacidades reales. En consecuencia, los puestos que requerirían mayor preparación correrían enormes riesgos de caer en manos de personas no aptas, que condenarían definitivamente al Estado a regirse por un modelo oligárquico y alejado del bienestar social.
La educación no es un privilegio, es una necesidad, tanto para la persona como para el país que ella misma conforma. Se trata de lo único capaz de brindar una libertad individual que se verá reflejada a gran escala en el marco estatal. Cualquier gobierno que aspire al bienestar y la democracia tiene la obligación de contribuir a un modelo educativo alejado de dogmatismos ideológicos; una educación de máxima calidad y al alcance, sin distinción, de todas las personas, garantía de un futuro ciudadano y marcado por la intelectualidad.
La única revolución que tiene el éxito garantizado es la educativa. ¡Para impulsar un Estado acorde al siglo XXI hay que educar a ciudadanos/as del siglo XXI! Y este siglo, solo puede entender de democracia, libertad, igualdad y bienestar.

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