¿Por qué necesitamos una III República?

Artículo de  , originalmente publicado en la web La Política.

¿Por qué necesitamos la III República? Básicamente por dos aspectos importantes: para desterrar definitivamente el legado del Franquismo de las estructuras del Estado y para asegurarnos un futuro en unas condiciones verdaderamente democráticas. 

Desterrar el legado del Franquismo

El mayor lastre que nos dejó el Franquismo fue una Monarquía que no hemos elegido. El dictador eligió para nosotros un tipo de Estado y a un monarca al que preparó como su sucesor, como el eslabón entre la dictadura, la transición y el posfranquismo.

Tenemos Monarquía desde dos días después de morir Franco y desde entonces ningún gobierno se la ha cuestionado ni la ciudadanía ha podido decidir si la quiere o no; al contrario, deliberadamente nos han privado de elegir esta cuestión fundamental, lo que hace que podamos afirmar que tenemos una Monarquía impuesta por un dictador, algo que cuestiona gravemente la calidad democrática del sistema. Si estamos en democracia, tenemos derecho a elegir el tipo de Estado en el que queremos vivir y debemos tener la opción de recuperar la República que nos arrebató el fascismo con un golpe de Estado.

Otro lastre que nos dejó el Franquismo fueron los privilegios de los que aun goza hoy la Iglesia como consecuencia de la confesionalidad de la dictadura franquista ¿Por qué somos un “país aconfesional”? ¿Por qué no somos un país laico? Necesitamos el laicismo republicano para acabar con los beneficios fiscales de los que goza la Iglesia, para dejar de financiarla con nuestros impuestos y para dejar de subvencionar una escuela religiosa que adoctrina y segrega a los niños y a las niñas.

Naturalmente, está muy bien que cada uno tenga la libertad de profesar o no una religión, de darles a sus hijos una educación escolar religiosa o no, pero eso debe ser una elección personal que pertenezca al ámbito privado de cada uno por lo que no puede suponer un gasto que corra a costa del erario público, debe pagarlo quien lo elige igual que paga quien decide acudir a la sanidad privada y no a la pública.

Definitivamente, hay que cerrar las heridas de la Guerra Civil y eso solo se puede hacer con un Estado que se disponga a buscar y a identificar a las víctimas desaparecidas del Franquismo. Hay que atender las demandas de familiares de asesinados y desaparecidos y reparar en democracia el daño causado por el fascismo durante una guerra cruel y genocida a la que siguieron años de limpieza ideológica y eso no puede seguir en el olvido ni se puede seguir obviando. Solo con la reparación, la anulación de las infames condenas franquistas y la localización e identificación de las víctimas podremos cerrar las heridas y sentirnos todas y todos en paz.

Un futuro en una verdadera democracia

Es evidente que el Régimen del 78 está agotado; vivimos en una “democracia menguante” que progresivamente nos restringe derechos y libertades. En los últimos tiempos, es un hecho que sufrimos una involución democrática que se manifiesta en una legislación parcial y represiva para la ciudadanía en la que por ejemplo existe el delito de “injurias a la Corona” pero no el de “apología del fascismo”.

La separación de poderes ─base fundamental de cualquier democracia homologable─, se ha diluido entre los intereses de los corruptos para escapar de la acción de la justicia y las intenciones del Estado de acudir a la vía legal o penal para sofocar cualquier conflicto social. Además, el poder es incapaz de dar una respuesta democrática a las demandas del pueblo, ya sean feministas, pensionistas o independentistas.

Como ejemplo, este país está viviendo una grave crisis territorial que no se puede solucionar simplemente con represión y cárcel; es necesario el diálogo; escuchar, hablar y dialogar desde posturas democráticas.

Este “agotamiento” del Régimen del 78 y su regresión democrática evidencian un fallo estructural del sistema y la necesidad de replantearnos el país en el que queremos vivir.

Necesitamos un Estado verdaderamente democrático que legisle y organice nuestra convivencia bajo los valores de la igualdad, la justicia social y la solidaridad; una República Federal que reconozca la plurinacionalidad histórica de este territorio diverso llamado España; un Estado en el que la soberanía popular elija democrática y periódicamente a todos sus representantes, incluido al jefe del Estado; un jefe del Estado que también esté sometido al imperio de la ley como cualquier ciudadano y al que se le puedan pedir responsabilidades de sus actos.

En definitiva, estamos necesitando el cambio necesario que supondría una República, la III República que nos permitirá romper definitivamente con el Franquismo, vivir en un Estado laico, cerrar heridas y disfrutar de una verdadera democracia en un país más digno, más justo y más igual.

¡A por la tercera!

Salud y República.


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