Los hospitales madrileños desde sus entrañas

Manu Sánchez. Secretario de Comunicación y Prensa de ALTERNATIVA REPUBLICANA MADRID
Manu Sánchez.
Secretario de Comunicación y Prensa de ALTERNATIVA REPUBLICANA MADRID

LA CRUDA REALIDAD DE LA SANIDAD PÚBLICA MADRILEÑA.

Que la gestión de la sanidad madrileña es un fiasco y un disparate, lo sabemos y sufrimos todos los madrileños y los que tienen la necesidad de hacer uso de ella en alguna ocasión.

Es un fiasco, un disparate y además, en algunos casos, muchos, una inmensa injusticia con sus trabajadores.

Por mucho que ha intentado el gobierno regional vendernos en Madrid una sanidad de primera calidad, digna de ser bandera de cualquier país europeo, e incluso mundial, la cruda y triste realidad es otra muy distinta.

Voy a hablar, desde el conocimiento de causa que me otorga, el haber tenido que estar cuarenta y tres días, con sus cuarenta y tres tardes y sus correspondientes noches,(esto lo significo por los turnos laborales), metido dentro del Hospital Clínico San Carlós, (por haber tenido ingresada a mi madre) ,hospital público de Madrid, bajo la dirección de la consejería de sanidad de la comunidad y el segundo en importancia y referencia, además de los innumerables antecedentes del dominio público, que incluso han llevado en más de una ocasión, a esta consejería ante los tribunales de justicia, perdiendo más de un pleito.

Además de mi información personal, (pues no quiero que esto se convierta en una simple opinión más), si no en lo que realmente es, un artículo de investigación y denuncia pública.

Para ello, cuento con las inestimables versiones, opiniones y quejas de empleados, pacientes y familiares de estos, que me dan una versión fidedigna y real, de cómo es el día a día en este hospital, tanto desde la vivencia del empleado público, como las experiencias de un paciente o sus familiares.

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Los nombres de los trabajadores que aparecen, son ficticios. No por su negativa a dar su identidad, sino porque representan a la inmensa mayoría del colectivo y así lo han preferido.

Ante todo, quiero dejar bien claro, mi agradecimiento y reconocimiento a todos los profesionales que desarrollan su trabajo en este hospital y en especial, a todos aquellos que atendieron a mi madre. Todos ellos, ejemplo vivo de profesionalidad y entrega.

El primer aviso que se me dio, fue la visita a diferentes plantas y comprobara su estado.

Plantas enteras reformadas y modernizadas hace apenas un par de años, convertidas en auténticas plantas fantasmas.
Habitaciones completamente preparadas para su funcionamiento, vacías, controles de enfermería abandonados.

Y mientras tanto, el servicio de urgencias, absolutamente masificado.

Los pacientes hacinados en camillas, sillas o sillones, como ratas, por los pasillos y otras dependencias, en el mejor de los casos, por no menos de 48 horas, mezclados los hombres con las mujeres, trauma, con digestivo… una vergüenza.

Parte primera de la pesadilla hospitalaria:

Nada más acceder a las plantas, se siente el estrés y agobio que padecen los empleados, al verse masificado su trabajo, pero que pese a ello, jamás te niegan una sonrisa y una buena palabra y a eso le llamo yo profesionalidad y compromiso.

No es concebible que haya una sola enfermera, para atender a más de entre quince y diez y ocho pacientes, con su correspondiente medicación, toma de tensiones, controles de glucosa, cambios de medicaciones, oxigeno, intravenosos, etcétera.

Y lo que más incredulidad me causa, es que estas sean trasladadas de control o zona de trabajo cada semana, con lo que supone la memorización de cada paciente y su medicación específica, necesidades, costumbres o caprichos.

La gerencia alega, que es para evitar que el personal sanitario, coja apego con los enfermos y sus familias.

En palabras de una de estas enfermeras, llamémosla María a secas: “Uno de los principales problemas por los que estamos pasando, es la falta de personal, nos obliga a multiplicarnos y no poder prestar a cada paciente el tiempo y atención que necesitan”.

En dicha planta del área sur de este hospital, consta de tres controles de enfermería y se tiene previsto el cierre de uno de ellos, a partir del día 15 de Julio, a lo que María comenta: “Se supone que el día 15 se va a cerrar medio control, pero debido a la masificación de pacientes en las urgencias, esto no es posible. (Esto ocurre todos los años), lo que implica que como se iba a cerrar, no se cuenta con ese personal allí asignado y nos vamos a quedar a falta de un enfermero/a y un auxiliar por turno, hasta que efectivamente se pueda cerrar. Como no se contrata al suficiente personal, esto lleva a que nos quiten los pocos días libres que tenemos”.

Esta es una pequeña parte de la problemática de la enfermería en los hospitales públicos.

La retirada de días libres, para complementar la falta real de personal.

Solo tenemos un fin de semana al mes, es imposible tener la llamada “conciliación familiar”, continúa relatando María a lo que apostilla, y lo peor es la falta de recursos y material para atender a los pacientes.

La falta de personal se hace aún más cruenta y cruel, cuando algún trabajador se tiene que dar de baja, por cualquier motivo, su puesto no es cubierto por otro compañero, lo que conlleva, obviamente, al cansancio del resto de profesionales, al no poder librar.

Termina exponiendo un pensamiento: Aun con el cierre forzoso de camas, todo el verano, sacamos el trabajo a delante de cualquier manera. Siempre dentro de la profesionalidad y la ética, pero con bastante menos calidad. Como lo que realmente interesa es que los números salgan, esta situación se produce cada año. Pero se sigue sin contratar personal.

Hasta aquí, parte de la problemática en el aspecto netamente sanitario.

A todo esto, hay que sumar la parte de la higiene, la limpieza, el aseo y demás requisitos indispensables para la buena atención de un paciente y lo más importante, su recuperación o cura.

En el servicio de celadores, cuento con la colaboración de Manolo, (nombre ficticio).

Este me empieza a comentar que: son innumerables los problemas que tenemos, pero que sobre todo lo definiría en uno en especial, que no es otro que la falta de personal.
De hecho, en esta `planta en la que me he pasado 43 días, no hay un celador fijo en ninguno de los controles (3).Cuando es necesario, tiene que ser llamado o avisado vía teléfono.

Anteriormente, cada control contaba con dos celadores por turno, lo que suponía una funcionalidad óptima.

En la actualidad, hay un celador para los tres controles, lo que provoca conflictos y perdidas te tiempo y eficacia, además del abusivo trabajo del personal.

Hay veces que un celador, esta para los tres controles, lo que supone esperas y pérdidas de tiempo absurdas, además de la falta de rapidez que en algunos casos hace falta, continúa relatando Manolo.

Otro de los grandes problemas con los cuenta este hospital, es la cada día más escandalosa faltade todo tipo de material, ya sea médico, como de otra índole.

En los cuarenta y tres días, he podido comprobar en primera persona, que en varias ocasiones no había ropa de cama,(sabanas, almohadas, pijamas y camisones) y a los enfermos, no se les ha podido poner ropa limpia, ni la cama ha podido hacerse, hasta la llegada de un camión de urgencia, flotado desde la provincia Soria, que llegaría pasado el medio día.

Tenemos que recordar, que la gestión de la limpieza de la ropa hospitalaria, le fue “regalada” a la empresa Lavandería Central, responsable de la recogida, limpieza y reparto de todo este material a los hospitales públicos.

Desde que esta empresa gestiona dicho servicio, se ha podido comprobar su falta de profesionalidad.

Cuando no sale una sábana mal lavada, sale sucia o simplemente, no lavada. La ropa llega rota, húmeda y en ocasiones, con moho.

Eso cuando la reparten, porque no siempre es así, lo que lleva, indiscutiblemente, a la formación de caos organizativo y el más que justificado enfado de pacientes y familiares y la mala atención al paciente, que en ocasiones puntuales, provocan altercados verbales con los trabajadores, que ninguna culpa tienen de tal desastre.

Pero por otro lado y no menos importante, la falta absoluta de sillas de ruedas o de balas de oxígeno, es una de las denuncias más repetidas por los celadores y resto del personal sanitario.

No tenemos sillas, van rotando por todo el hospital y los pacientes no pueden pasear o salir a las terrazas, además del tiempo de espera, para el traslado a hacerles pruebas. Los que tienen que llevar oxígeno a la fuerza, se ven encarcelados en sus habitaciones, sin poder salir de ellas, con el calor que hace aquí dentro, sigue relatando Manolo.

Pero esto se queda baladí, cuando he comprobado, que han tenido que estar MENDIGANDO, medicamentos y pañales, para suministrar a los pacientes.
Medicamentos básicos e imprescindibles en cualquier departamento hospitalario, brillaban por su ausencia, viéndose la enfermera obligada a ir robando (como ellos lo llaman) por todos los controles, hasta conseguir lo necesario.

Estoy hablando de Paracetamoles, Ibuprofenos, mórficos, suero.

Luego está el tema de la alimentación, que no es que su calidad sea excesivamente mala, pero que considero que podría mejorar bastante.

Las comidas, cuando no llegan equivocadas, vienen frías, pero frías de verdad, incomibles.
Los horarios entre ellas, cuando menos es disparatado.

Cuatro comidas principales en doce horas y el resto de horas, un simple zumo a media noche.

La gerencia de este hospital y por ende, de todos los hospitales públicos de la comunidad de Madrid es una verdadera burla y estafa al ciudadano, un peligro a la salud y un negocio redondo para más de uno.

Lo mejor de la sanidad madrileña, como no puede ser de otra manera, son sus trabajadores y sus enfermos.

Lo peor, sus gestores.

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