Un disfraz al que llamaban democracia

Javier G. Sabín. Secretario General de ALTER Madrid

Javier González Sabín. Secretario General de la Federación de Madrid de ALTER.

Si hasta ahora España había demostrado ser un país dictatorial a efectos prácticos, tras la aprobación de la Ley de Seguridad Ciudadana se convierte en una dictadura a efectos teóricos.
Muchos estarán de acuerdo en que poco importa la teoría, pero a los que somos realmente demócratas nos inquieta el despojo de la máscara de libertad que solía cubrir el rostro del poder político.

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Desde 1978, los diferentes sectores gubernamentales mostraron un fuerte empeño en concienciar a la población de una nueva estructura estatal democrática. Una democracia impulsada por los mismos que antaño habían jurado los principios del franquismo y sostenida por el propio sucesor de un dictador. Un mero holograma de libertad que los españoles/as creyeron inocentemente en un panorama de inestabilidad, miedo y opresión. ¿Cuántos aprobaron la Constitución del 78 por ser una alternativa de rescate y no por pura convinción? Es probable que la mayor parte de la ciudadanía.
Hay quien me ha dicho que los postulados contrarios al rey Juan Carlos son egoístas, pues para muchos fue el gran precursor e introductor de la “democracia” española. Al margen de la pseudo-democracia introducida, y que tras la aprobación de la Ley mordaza se desvela como falsa, aplaudir la figura del monarca retirado sería similar a encariñarse con un ladrón que nos ha devuelto una cantidad robada…¡y que para colmo nos devuelve una mínima parte del total!
Pese a que la prensa mediática tiende a ocultarlo, el germen de la democracia española no es producto de los últimos 40 años…ni mucho menos producto de la generosidad de un rey ilegítimo. ¿Nos hemos olvidado acaso del sexenio democrático que, desde 1868 hasta 1874, consolidó las directrices del pensamiento liberal? ¿Nos hemos olvidado de los grandes ideólogos de la I República, que llegaron a ser considerados referentes teóricos a nivel europeo? ¿Dónde queda la labor verdaderamente democrática emprendida por los impulsores de la II República, y a los que me atrevería de calificar como verdaderos padres de la democracia española? ¡Cómo interesa a las actuales esferas de poder asociar a la figura de Juan Carlos como el gran redentor democrático del pueblo español! ¡Cómo conviene ocultar todo lo anterior a la dictadura de Franco! Tal vez, si se observase el transcurso socio-histórico de España de un modo objetivo se apreciaría con claridad el papel de “ladrón que devuelve una parte mínima de la cantidad robada” que realmente ha jugado el rey padre.

Pero volvamos al tema, ¿por qué un desvelo tan evidente de la estructura dictatorial que impregna al sistema español? Probablemente, la respuesta se halle en el consentimiento por parte de los poderes fácticos, cuyas magnitudes alcanzan el ámbito internacional. Es decir, si antaño la Transición fue un proceso obligado por parte de las potencias occidentales (especialmente Estados Unidos), a quienes no les convenía, por motivos de apariencia externa, que en la Europa occidental hubiese países no reconocidos formalmente como democracias, a día de hoy estas exigencias siguen reducidas un marco meramente formal y teórico. En definitiva, poco importa la normativa interna de una nación mientras respete los rasgos más superficiales de la democracia: libre derecho al asociacionismo y constitución de partidos políticos y defensa de un sistema parlamentario fundamentado en la elección de los representantes de la ciudadanía. Mientras se mantengan estos principios, toda ley dictatorial es válida…a fin de cuentas, el rostro externo del Estado estará teñido de los colores del progreso y la libertad.

Y es por eso por lo que, en España, a partir de los dos principios democráticos resaltados, se ha promovido y se seguirá promoviendo una legislación alejada de la soberanía popular a nivel práctico. Y poco importa, mientras se siga vendiendo la imagen de democracia externa (en base a la que se sostienen los poderes financieros y empresariales, que dominan el mercado occidental) el mundo seguirá quitándose el sombrero ante el modelo de “democracia” que domina a nuestro triste país.

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