Váyanse, dimitan, convoquen elecciones

Salva Artacho Ruiz

Salva Artacho Ruiz

Rajoy asediado por la corrupción, tira balones fuera, se refugia en el denostado “tú más”. Cada día que pasa aparecen nuevos casos, confirmando que el “sistema” está podrido de la raíz a la copa.
No basta con pedir perdón, recurso al que ahora acude obligado por la situación, sacudiéndose los zapatos del lodazal en que nos ha metido, como si no fuera con él, obviando con descaro que él acumula el máximo poder en su partido y en él aparato del estado, que él acumula, en consecuencia, la mayor responsabilidad de la situación a la que hemos llegado.

savat10

¿Qué se equivocó en la elección de sus colaboradores? Ya vale, no cuela, se le ha venido reprochando esa nefasta elección de los mismos y el respondía “poniendo” la mano por ellos, o reconfortándolos con e-mails de ánimo. Ahora acorralado y en la más cruda realidad de tanto chorizo que ya no se puede ocultar, solo balbucea, solicitando con tibieza perdón.
Los corruptos se han apoderado del estado, toda la gestión política bajo sospecha pasa por ellos, ¿ qué credibilidad pueden tener cuando hablan de un pacto contra la corrupción?
Si los políticos son corruptos, no deja de asustarnos comprobar que a su lado existe una clase empresarial tan corruptora y podrida como ellos, dispuesta a obtener los beneficios más rápidos, comprando voluntades de los que están ansiosos de venderse para acrecentar sus patrimonios personales ilegítimos, acudiendo a la prevaricación sin importarles el daño que producen a la credibilidad del estado y la ruina que producen al conjunto de la sociedad.
El estado actual de “cosas” al que se ha llegado confirma que éste es un estado bananero, agotado, donde el poder debe salir definitivamente de las manos que han consentido llegar a esta situación, que los partidos políticos que han venido disfrutando del poder en beneficio de sus engendrados corruptos no nos vale, que no se puede ni debe confiar en ellos , que no cabe la disculpa y el perdón.
Este país se hunde, se pierde… si un día más siguen administrándolo quienes han mirado hacia otro lado mientras se producían estos deleznables hechos, y defendían a capa y espada a los autores de los mismos, les daban ánimo y les prometía ayuda si mantenían la boca cerrada ante los esfuerzos de la justicia por esclarecer lo ocurrido.
Sí, pedir “perdón” con la boca pequeña ante la evidencia y la acumulación de pruebas de estas fechorías y de sus autores que venimos conociendo, no deja de ser una burla descarada hacia los electores, es una acción que se empeña en considerarnos a lo ciudadanos como bobos o menores de edad.
Solo cabe la acción imparable de la justicia, caiga quién caiga, y el abandono del poder político por parte de la clase política que nos llevado a esta escandalosa calamidad.
¡Váyanse, dimitan y convoquen elecciones que habrán el proceso de restauración y reforma política que nos saque del fango donde nos han metido, proceso que no puede ser otro que un nuevo periodo constituyente del estado y de los instrumentos necesarios para el buen funcionamiento del mismo.
Salud y República

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Un comentario a Váyanse, dimitan, convoquen elecciones

  1. En otras épocas los militares de alta graduación y también los civiles que se consideraban hombres de honor cuando en el ejercicio de sus funciones cometían unos desaguisados que no tenían “perdon de Dios” sólo tenían una solución dramática pero que era la única que se consdieraba honrable: sucidiarse: Con ello no hacían otra cosa que poner en práctica el consejo que daba D Quijote su amgio Sancho: “Sólo por dos razones vale la pena empeñar la vida, amigo Sancho, por el honor y por la libertad”. Hoy somos menos violentos y a quienes han incurrido en errores imperdonables, pero también a los corruptos que han utilizado las leyes para atropellar consciente y dolosamente los derechos ajenos, se hayan lucrado o no económicamente por ello, sólo les queda un salida para salvar el poruísimo “honor” que les queda o, para aparentar al menos que les queda alguno: dimitir de modo irrevocable, lo que exige no volver a aceptar el cargo de que se dimete a la primera de cambio. Pero si pedir peras al olmo se considera una quimera, pedirle dignidad a un corrupto lo es también. No obstante, no por imposible que parezca se debe dejar de esperar uqe ocurra lo que debe ser. Incluso la persona más inmunda y perversa y carente de ética le queda algo de ella, quizá sin que él mismo lo sepa, en algún rincón ignoto de su conciencia. Espermos pues que todos los corruptos, uno tras otro, vayan dimitiento antes de que la lenta pero, esperemos, inexorable balanza de la justicia los ponga en la calle de modo notorio, porque entonces se irán con cajas destempladas ¡como castigo voluntario a su ánimo pertinza de seguir abusando hasta el fin!

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